La casa vacía, el hecho vació, el espíritu hendido, a punto de explotar, de estallar.
La entrañas corren entre la puerta, se arrastran mientras la fantasmal escena se detiene en el tiempo, en la vidriera conceptual que inventaron los lejanos tormentos. La necesitada de la vida. La terrible perdida de lo grotesco. Lo mal sapo del marrano arruinado que no sale en la lluvia, que no se presenta mientras cae la gente. El piso crujiendo y las palabras que hilan esperando el pasado rememorado, los libros gastados y la noche que se acelera en su infernal nostalgia.
Y la nada... y el ser... me hinchan. No más que un silbido al oído, no más que un crujir de espanto. No es de noche no es de día, es el limite que me corta en rebanadas. Acá, allá, en donde habita el abismal recuerdo.
La maldita culpa, la lengua en la hendija de la puerta, la desesperada perdida del perder, la cara rota frente al espejo que no se justifica, la pizca de fe que me hace ser gente, el condimento de horror que me hace valiente, el tremendo pudor de anudar los dientes frente a una puerta, ¡que se rompan! ¡que crujan! que se mal interpreten, que se interpreten en fin.
La luz la que nos ciega, la noche infernal en la que deambula la muchacha, en que las palabras se talan como cayos, la muchacha es la pintura que parece que danza, donde agoniza la sensación de la vida, porque la sensación de la nada no es más que la sensación de una gran vida. El diente que cae, la sonrisa disimulada, el teñido agreste de unas uñas pintadas, y el horizonte donde vivir no es más que un nido sin cuerdas, donde el sol se pone, donde el viento corre.
Estar, saber que se está entre imágenes, entre percepciones que no aspiran a nada, el mundo te destruye y te construye, el mundo que quita las manos y pinta, la naturaleza se desliza como aquel cuadro, la melodía no se calla, los días pasan, mi vida pasa, más que nada yo me paso. Yo me dejo en la estación, no hay más que horror, y entiendes cuando la cara te da vueltas, cuando las piernas no se despiertan, cuando el artista se levanta, cuando la vena se revienta, sufrir hasta el ultimo goteo de la mañana, sufrir porque tengo alma, sufrir porque la gente me calla, sufrir porque mi voz parece que me dejo de oír.
No es más que la desesperación de siempre, que el hambre de siempre, de ser solo ser, de desparramar los pedazos muertos, de estirar la carne amorronada, de quitarme las pestañas a tirones, el sol es el sol de siempre?, la noche dónde está? y el símbolo tenue, y el símbolo.
Quien más que yo sabe lo que hay de infeliz en el ser, la insatisfacción de vivir, el dolor de crecer, la uña en la uña, la verdad harapienta dado vueltas, y nadie ve porque o quiere. Para que estamos, para que estoy en estas líneas muertas, porque seguramente estoy más acá, que en las imágenes difuntas que desperdicia mi pierna.
El espanto infeliz, la carga. El vientre, la culpa heredada hace siglos, las prostitutas y los asesinos tan humanos como siempre. La vida misma es un circo uno.... que nadie entiende, que nadie ve detrás de los muebles, detrás del colchón hay nieve. Detrás de la vida no hay nada, no te ilusiones criaturita insolente.